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Introducción al Nuevo Testamento

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El Nuevo Testamento está formado por 27 libros, y se divide en cuatro partes: Evangelios, Hechos de los Apóstoles, Epístolas y Apocalipsis.

En los orígenes de la Iglesia, la regla de fe se encontraba en la enseñanza oral de los Apóstoles y de los primeros evangelizadores.

Pasado el tiempo, se sintió la urgencia de consignar por escrito las enseñanzas de Jesús y los rasgos sobresalientes de su vida. Este fue el origen de los Evangelios.

Por otra parte, los Apóstoles alimentaban espiritualmente a sus fieles mediante cartas, según los problemas que iban surgiendo. Este fue el origen de las Epístolas.

Además circulaban entre los cristianos del siglo primero dos obras más de personajes importantes: Los Hechos de los Apóstoles" escrita por Lucas, y el "Apocalipsis", salido de la escuela de San Juan.

A fines del siglo I y principios del II, el número de libros de la colección variaba de una Iglesia a otra.

A mediados del siglo II, las corrientes heréticas de Marción (que afirmaba que únicamente el Evangelio de Lucas y las 10 Epístolas de Pablo tenían origen divino), y de Montano (que pretendía introducir como libros santos sus propios escritos), urgieron la determinación del Canon del Nuevo Testamento.

Hacia fines del siglo II, la colección del Nuevo Testamento era casi la misma en las Iglesias de Oriente y Occidente.

En los tiempos de Agustín, los Concilios de Hipona (393) y de Cartago (397 y 419) reconocieron el Canon de 27 libros, así como el Concilio de Trullo (Constantinopla, 692) y el Concilio Florentino (1441).

Al llegar el protestantismo, éste quiso renovar antiguas dudas y excluyó algunos libros. Lutero rechazaba Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis. Carlostadio y Calvino aceptaron los 27. Los protestantes liberales no suelen hablar de "libros inspirados", sino de "literatura cristiana primitiva".

En el Concilio de Trento (1546), se presentó oficial y dogmáticamente la lista íntegra del Nuevo Testamento.

El criterio objetivo y último para la aceptación del Canon del Nuevo Testamento será siempre la revelación hecha por el Espíritu Santo y transmitida fielmente por ella.

En cuanto a criterios secundarios que se tuvieron en cuenta, fueron los siguientes:

1. Su origen apostólico (o de la generación apostólica).

2. Su ortodoxia en la doctrina.

3. Su uso litúrgico antiguo y generalizado.